En los primeros días del año 72 comencé a trabajar en el aeropuerto de Girona aunque vivía en Barcelona. El personal de lo que se llamaba Ayuda a la Navegación Aérea formábamos una panda de amigos que pasábamos las 24 horas del día juntos cada 3 días, más o menos. Trabajábamos, comíamos, bebíamos y escuchábamos la música que nos gustaba en las emisoras extranjeras o españolas que se conseguían en los potentes receptores que teníamos. Supongo que las circunstancias de uno junto con las del lugar y el momento, hicieron que en los años 70, Barcelona era una fiesta. No como ahora.
La primera canción que recuerdo de aquellas es Song sung blue de Neil Diamond, inspirada en el Concierto para Piano nº 21 de Mozart. Fue nº 1 en todas las listas y estuvo nominada a varios Grammy. Era una alegre canción con su fondo de tristeza pero muy agradable. Todos los de una edad la hemos tarareado más de una vez.
Ese mismo año los Grammy se los llevó Roberta Flack con The First Time Ever I Saw Your Face, probablemente más merecidamente que Neil Young aunque ésta canción era una canción folk del año 1957 y la de Young era original suya. First time era distinta. Lenta, sentimental y tocaba más la fibra tierna.
Primero la escuché en el primer LP de Roberta Flack que tenían unos vecinos chilenos en Infanta Carlota e inmediatamente en la primera película dirigida por Clint Eastwood en 1971, Play Misty for me, donde se oía en una larga secuencia, que en realidad fue lo que animó a que la canción llegara a ser un nº 1 . Posteriormente, ya una clásica, me encantó la versión de Johnny Cash de 2002 en su último álbum American IV: The Man comes around. En ella hace un homenaje a su pareja de toda la vida June Carter y se nota el esfuerzo y el sentimiento que pone a poco de fallecer.
Publicado en 1971, fue en el 72 cuando Don McLean y su American pie, triunfan en todas partes. El LP se abre con la ambiciosa canción del mismo título, ocho minutos y treinta y seis segundos de imparable folk-rock. Lo que parecía un suicidio comercial se convierte en un fenómeno cultural. American pie pulsa la fibra sentimental de la generación del rock: se trata de una parábola donde se habla, sin mencionar sus nombres, de Elvis Presley, Bob Dylan, los Byrds, los Beatles, los Rolling Stones y, desde luego, del accidente de Buddy Holly («el día que la música murió»). Y se multiplican las explicaciones o interpretaciones de la letra, que enfrentan a los que sólo ven nostalgia y los que creen reconocer allí la expresión de la frustración ante la impotencia del rock para transformar la realidad y, lo más inmediato, detener la guerra en Vietnam.
American Pie contiene otro éxito que no tuvo discusión alguna, Vincent, un arrebatado himno a Vincent Van Gogh, retratado como paradigma del artista incomprendido.
El propio Don sirve de inspiración para otra canción memorable: la vocalista Lori Lieberman le ve actuar y pide a sus productores que escriban algo que refleje sus emociones, que ella resume como: «Me mata suavemente con su canción»; la pieza resultante, Killing me softly with his song, es inmortalizada por la versión de Roberta Flack.
Aunque ésta es la típica one hit wonder (flor de un día), Me and Mrs. Jones de Billy Paul tuvo su momento durante al año 73. Yo la recuerdo especialmente en un guateque en casa de mi hermana Charo en la plaza Artós en Barcelona con Mamen embarazada de 3 meses. Y bebíamos y bailábamos como descosidos. Eran otros tiempos y estábamos despertando hasta el despertar definitivo en noviembre del 75. En Barcelona ya notábamos señales de ese próximo cambio no se por qué razones, pero así se notaba.
Aparte del primer LP de The Rollling Stones que lo volvimos a disfrutar; esta canción de Me and Mrs. Jones era una de las lentas que podían bailarse bien agarrados.
Ahora acusan a Ed Sheeran de plagio de esta canción con su Thinking out loud. Hay un acompañamiento parecido y si escuchas Let’s get it on y a continuación la suya puedes oir algo similar, pero yo no lo veo nada claro.

